intenciones vs. resoluciones
- Melissa Barcia
- 12 ago 2025
- 2 Min. de lectura
Si te pareces en algo a mí, tus listas de resoluciones de Año Nuevo solían ser largas y te provocaban estrés y ansiedad… sobre todo porque estamos en agosto y probablemente no has cumplido ninguna al completo.
La mayoría de las veces nos ponemos objetivos desproporcionados, normalmente en áreas que nos generan inseguridad o que están fuera de nuestro control.
Durante años, esperé en vano sentir el más mínimo cosquilleo de la magia de ver alguna de mis resoluciones manifestarse ante mis ojos. ¿Por qué fuimos condicionados a creer que todo cambia de un día para otro?
El año pasado creé mi lista habitual de resoluciones… y todas desaparecieron cuando hice la revisión final, porque me concentré en una sola cosa: la supervivencia.
Durante ese tiempo practiqué la tranquilidad y comencé a notar la diferencia entre intenciones y resoluciones.
La conclusión fue que replanteé por completo la forma de abordar mis deseos y sueños.
Las diferencias
Una resolución es una meta; por ejemplo: “Quiero sentirme cómoda conmigo misma” o “quiero conseguir un nuevo trabajo”. Las resoluciones son decisiones firmes de hacer o no hacer algo. Son estrictas, sin margen de maniobra: o las cumples o fracasas. Por eso la mayoría de las resoluciones de Año Nuevo son solo recuerdos lejanos para febrero o marzo.
Una intención, en cambio, es una práctica que requiere que estemos presentes, en lugar de anclados en el pasado o demasiado enfocados en el futuro. Es algo a lo que aspiras, una idea o concepto que pretendes poner en acción. Las intenciones son abiertas, lo que permite más espacio y compasión para el crecimiento.
En pocas palabras: las intenciones guían las acciones que tomamos hoy, mientras que las metas y resoluciones miran hacia el futuro. Estos conceptos suenan bien en teoría, pero pueden generar mucho estrés, especialmente cuando “fallamos” en cumplir lo que nos propusimos.
Aunque muchos consideran que el año comienza el 1 de enero y termina el 31 de diciembre, déjame decirte algo: no tiene por qué ser así. La diferencia entre el 31 de diciembre y el 1 de enero es la misma que entre cualquier otro día y el siguiente.
Cada día es una oportunidad para hacer un cambio y trabajar hacia una vida más saludable y feliz.
Ejemplo
Es típico que en diciembre nos excedamos y queramos empezar un estilo de vida saludable. En lugar de decir: "Voy a perder X kilos este año", intenta cambiarlo por declaraciones más abiertas, como:
“Voy a ser más amable y tolerante con mi cuerpo este año”.
“Hoy alimentaré mi cuerpo con alimentos nutritivos”.
“Moveré mi cuerpo de una manera que me haga sentir bien”.
“Daré prioridad a irme a dormir a una hora razonable”.
Este cambio te da la oportunidad de crear intenciones más pequeñas, igual que cuando estableces una gran meta y la divides en objetivos más pequeños para alcanzarla. Aquí, empiezas con intenciones centradas en el presente.
Cada día que practiques tus intenciones más pequeñas, te acercarás más a realizar tu intención mayor, sin poner toda la presión en el futuro.
Recuerda: siempre sé amable contigo misma, y verás cómo llega esa paz interna que tanto deseas.
Con amor,
Melissa



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