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inteligencia y emociones

  • Foto del escritor: Melissa Barcia
    Melissa Barcia
  • 26 ago 2025
  • 2 min de lectura

Vivir con inteligencia emocional se ve de la siguiente manera:


✨ Reconoces las señales de tu cuerpo.

Ese nudo en el estómago, el llanto repentino, la falta de aire o el cansancio que no se va. Nuestro cuerpo muchas veces nos habla de aquello que el corazón aún no ha expresado.


✨ Lo que sientes tiene nombre.

¿Angustia, frustración, entusiasmo, alegría, tristeza? Las emociones tienen nombre (y apellido). Reconocerlas es el primer paso para integrarlas de forma sana.


✨ Te das espacio y tiempo.

Sabes que no todo es blanco o negro. Sabes que no todo se resuelve en el momento. Sabes que el silencio es necesario para escuchar lo que ocurre dentro de ti.


✨ Ya no te evades.

Hablas con personas, sobre todo con aquellas que te hacen sentir segura. Todos necesitamos ayuda; pedir apoyo es un acto de humildad y amor propio.


✨ Presentas tus emociones ante Dios.

No escondes lo que sientes ni siquiera en la oración. Aprendes a llevarle tus alegrías, tus heridas, tus miedos y tus dudas, sabiendo que Él te recibe tal como eres.


¿Tu inteligencia emocional se ve así?


Te dejo dos ejercicios sencillos para potenciar esa conexión emocional contigo misma. En ambos ejercicios te recomiendo:

• Buscar un espacio tranquilo, cerrar los ojos y llevar la atención a tu cuerpo.

• Escribir en un folio o en tu bloc de notas (aunque recomiendo más el papel).

• Evitar juzgarte; simplemente observar.


Conectar con nuestras emociones y reconocerlas es un trabajo diario. No siempre es fácil; incluso puede resultar incómodo. Pero merece la pena.


Cuando las reconocemos, dejamos de resistirnos y empezamos a habitarlas. Encontramos respuestas que antes no estaban disponibles en la mente, porque muchas veces también se revelan en el corazón.


"Todo lo que vivimos puede convertirse en un lugar de encuentro con Dios si aprendemos a mirarlo con sinceridad."

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Ejercicio 1: Reconoce tus emociones

Sirve para reconectar con tu cuerpo.

Responde a estas preguntas:

• ¿Dónde siento tensión?

• ¿Qué emoción podría estar viviendo?

• ¿Qué necesito en este momento?

Después, dedica unos minutos a la oración y pregúntale al Señor:

"¿Qué quieres mostrarme a través de esto que estoy sintiendo?"

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Ejercicio 2: Cartas no enviadas

Para liberar la tensión emocional necesitamos expresarnos. Una opción puede ser escribir una carta sin enviarla.


Puede estar dirigida a alguien o a ti misma. Puedes guardarla, romperla o desecharla después. Con este ejercicio creamos un espacio seguro para expresar lo que llevamos dentro sin lastimar a nadie.


Al finalizar, puedes entregar esa carta a Dios en una breve oración, confiando en que Él conoce incluso aquello que nos cuesta poner en palabras.


Estas prácticas son una invitación a encontrar ese momento para ti.


Y si hoy estás leyendo esto y sientes que necesitas un espacio donde explorar tus emociones con más profundidad, recuerda que no tienes que hacerlo sola. Como psicóloga, estoy aquí para acompañarte en ese camino con herramientas, escucha, contención y presencia.


Porque sentir no es el problema. El problema es no saber qué hacer con eso que sentimos.

Y la vida es eso: aprender, crecer y vivir con más conciencia.


"Dios no nos pide ignorar nuestras emociones; nos invita a ordenarlas y vivirlas desde el amor."


Con amor,

Meli

 
 
 

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