estar bien siempre
- Melissa Barcia
- 27 jul 2025
- 2 min de lectura
En mi camino como psicóloga me he encontrado con un deseo constante: las personas (y yo misma…) queremos estar bien todo el tiempo. Y esto hay que cogerlo con pinzas.
Vamos a comentarlo.
La vida, las palabras que utilizamos o hemos escuchado, las redes sociales (Instagram especialmente), nos han llevado a tener una visión un poco distorsionada de lo que significa vivir; entre otras cosas, de cómo "deberían" ser nuestras emociones.
Pretendemos tener hábitos impecables, energía, motivación y, de paso, una sonrisa puesta… todo el tiempo.
Es como si sentirse frustrada, triste, decepcionada o cansada fuese un error. Como si esas emociones fueran una señal de que algo está mal.
Y spoiler: no lo están.
Las emociones forman parte de nuestra humanidad. Dios no nos creó para ser máquinas que funcionan perfectamente, sino personas capaces de amar, sentir, aprender y crecer.
Las emociones difíciles también son una señal. Y, sobre todo, una oportunidad para aprender: aprender a gestionar, aprender a sentir, aprender a conocernos mejor.
Recuerdo una paciente que, cada vez que estaba triste, hacía todo lo posible por eliminar esa tristeza: ponía música, salía a caminar o veía una serie.
Y está bien. Claro que esos recursos pueden ayudar.
Pero lo que realmente necesitaba era hablar, llorar, escucharse.
A veces pensamos que debemos huir de lo que sentimos, cuando quizá lo que necesitamos es atravesarlo con paciencia y compasión. Incluso Jesús lloró ante la tumba de su amigo Lázaro. Las emociones no nos alejan de Dios; nos recuerdan que somos profundamente humanos.
¿Qué pasa cuando no hablo o expreso mis emociones?
• Te desconectas de ti misma.
• Se dificulta la relación con los demás: aparecen distancias, malos entendidos y conflictos innecesarios.
• Tomas decisiones menos acertadas.
• Pierdes la oportunidad de aliviar aquello que llevas dentro.
La inteligencia emocional consiste en dejar de vivir en piloto automático o en modo avión.
Es aprender a responder desde la conciencia.
¿Y cómo logro esto?
Pregúntate: ¿Qué está pasando dentro de mí?
Haz una pausa. Respira profundo.
Y escucha.
Conectar con nuestras emociones empieza en el momento en que nos atrevemos a reconocerlas. Es un proceso lento, a veces incómodo, pero profundamente transformador.
¿El objetivo?: Vivir conscientemente. Vivir con verdad. Vivir reconciliadas con quienes somos.
Si algo te incomoda, reflexiona. Si necesitas ayuda, búscala. No te conformes con menos.
Y recuerda: Dios no espera que estés bien todo el tiempo. Te acompaña también en los días difíciles.
Con amor,
Meli



Ese escrito me gustó. Está muy 🆒